Nacionales

El Día Internacional contra la Corrupción (International Anti-Corruption Day) se celebra todos los años el 9 de Diciembre.

En su resolución 58/4 del 31 de octubre de 2003, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 9 de Diciembre como el “Día Internacional contra la Corrupción”. Esta decisión se tomó con la finalidad de aumentar la sensibilización respecto de la corrupción, así como del papel que puede desempeñar la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción para combatirla y prevenirla.

La corrupción política constituye un abuso de poder y un engaño para quienes han confiado la administración de los intereses públicos a una determinada fuerza política, creyendo las promesas de honestidad y transparencia de sus líderes. Abarca un amplio espectro de irregularidades y delitos, y múltiples formas de actuación. Las más extendidas son la aceptación de sobornos por concesión de licencias de construcción, recalificaciones de terrenos rústicos en urbanizables, privatización de servicios públicos o adjudicación de costosas campañas publicitarias a televisiones, emisoras de radio y empresas cercanas al poder.

La prevención y erradicación de la corrupción es responsabilidad de todos los estados, y éstos deben cooperar entre sí, con el apoyo y participación de personas y grupos que no pertenecen al sector público, como la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales, para que sus esfuerzos en este ámbito sean eficaces.

Hoy 26 de Noviembre celebramos el Día Nacional del Merengue, se tocan tres tipos principales de merengues en la República Dominicana. Aunque son similares rítmicamente, se distinguen por su instrumentación y repertorio. El perico ripiao, que es por lo general llamado merengue típico en la República Dominicana, es el estilo más antiguo que se toca aun comúnmente. Éste se originó en la región del valle del norte cerca de la ciudad de Santiago llamada el Cibao, una región rural, agrícola, por lo que algunos merengueros la llaman la “música de campo” de la República Dominicana.

Aparece por primera vez en la década de los 1840 cuando los moralistas trataban de prohibir la música debido a sus letras sugestivas y a los sensuales movimientos de los bailarines de merengue. El mismo nombre de la música sugiere polémica: Se dice que “perico ripiao” es el nombre de un burdel donde se tocaba la música originalmente. Por supuesto, los esfuerzos por censurar la música no fueron nada productivos y no tuvieron éxito, ya que su popularidad se extendió hasta la actualidad.

Al principio, el merengue típico cibaeño se tocaba con instrumentos de cuerda como el tres y el cuatro, pero cuando los alemanes llegaron a la isla a finales del siglo XIX comerciando sus instrumentos por tabaco, el acordeón reemplazó rápidamente a las cuerdas como instrumento principal. Los dos instrumentos principales de percusión, la güira y la tambora, fueron parte del conjunto desde el principio de la música, y son tan importantes que a menudo son considerados simbólicos del país entero.

La güira es una rascadora de metal que se cree que es de origen nativo Taíno, mientras que la tambora es un tambor de dos cabezas de origen africano. Junto al acordeón europeo, el grupo típico simboliza las tres culturas que se combinaron para hacer la República Dominicana de hoy.

Una figura importante en los principios del merengue fue Francisco “Ñico” Lora (1880-1971), a quien se le atribuye la rápida popularidad del acordeón al comienzo del siglo XX. Una vez se le preguntó a Lora cuantos merengues había compuesto en toda su vida, contestó “miles”, probablemente sin mucha exageración, y muchas de estas composiciones son todavía una parte estándar del repertorio del típico. Él fue un improvisador muy hábil que podía componer canciones inmediatamente, a pedido.

Pero también fue comparado con un periodista, ya que en sus canciones compuestas anteriormente “he commented on everything with his accordion” (comentaba de todo con su acordeón) (Pichardo, en Austerlitz 1997:35). Sus composiciones discutían eventos actuales como la independencia cubana, la Primera Guerra Mundial, la llegada del aeroplano, y la ocupación norteamericana de la República Dominicana.

Entre los contemporáneos de Lora están Toño Abreu e Hipólito Martínez, mejor recordados por su merengue “Caña Brava”. Esta canción popular fue compuesta en 1928 o 1929 como propaganda para la compañía de ron Brugal.

El folclore es la expresión autentica de un pueblo que abarca sus tradiciones, leyendas, costumbres, música, danzas, etc. Precisamente estas peculiaridades distinguen una cultura de otra. Este término es una palabra que se había creada con la unión de dos voces inglesas: folk (pueblo) y lore (saber) para referirse a todas las manifestaciones ancestrales de las culturas del mundo que sobreviven hasta la actualidad.

A través de sus investigaciones, su entrega y su trabajo, un grupo de hombres y mujeres ha mantenido vivas las tradiciones artísticas del pueblo dominicano. De manera individual o en grupos e instituciones, transmiten sus conocimientos a las nuevas generaciones para que se mantenga latente el sentir por lo nacional.

Y hoy, 22 de agosto, celebramos con ellos el Día Mundial del Folclore, el cual fue instituido por la Unesco en 1960 como una forma de recordar al arqueólogo británico William G. Thorns, quien publicó  en la revista londinense “Atheneum”, una carta en la que se empleó el término folklore por primera vez. Esto ocurrió el 22 de agosto de 1846.

Aquí les dejo algunos los grandes folcloristas dominicanos.

  1. Dagoberto Tejeda.
  2. Fradique Lizardo.
  3. Edna Garrido.
  4. Luis Días.
  5. Josefina Miniño.
  6. Xiomarita Pérez.
  7. Edna Garrido
  8. Luis Días
  9. Josefina Miniño
  10. Casandra Damirón
  11. Roldán Mármol

La Iglesia Católica celebra cada 21 de agosto el Día del Catequista, en conmemoración delpapa Pío X. Ese Papa, que fue santificado, tuvo actuación preponderante a favor de la catequesis e hizo posible entre otras cosas impartir los sacramentos a los niños. Según la arquidiócesis de Paraná, los catequistas no están guiados sólo por su buena voluntad sino que tienen el mandato misionero para mostrar a todos en nombre de la Iglesia “el rostro misericordioso de un Dios que es siempre padre”.

El catequista se reconoce en búsqueda, en camino; no se cree ni dueño de la verdad ni el “maestro” que llega para esclarecer a los demás sino un instrumento que el mismo Jesús, presente en la comunidad, envía, sostiene y da fuerza para superar las oscuridades y dificultades. Es parte de la gran marcha de creyentes que han recorrido y aún recorren la historia. Marcha que fue iniciada por el pueblo de Israel y ha continuado en la Iglesia y, a través de ella, ha llegado hasta nosotros.

De una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe M. Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. En 1850 ingresó al seminario de Padua, y fue ordenado sacerdote el 18 de setiembre de 1858. Su primera labor pastoral la realizó en la parroquia de Tómbolo-Salzano, distinguiéndose, además de su gran caridad para con los necesitados, por sus ardorosas prédicas que atraían hasta los más alejados del mensaje del evangelio.

En 1884 fue ordenado obispo para la diócesis de Mantua y en 1893, León XIII le concedió el capelo cardenalicio y lo trasladó a Venecia. En ningún momento cambió su modo de ser: sencillo, muy humilde, ejemplar en el amor a los más pobres.

La preocupación de Pío X por la santidad de la Iglesia lo llevó a actualizar los seminarios y fundar numerosas bibliotecas eclesiásticas. También se lo recuerda por sus aportes a la música sagrada y a la liturgia y la reforma de la liturgia de las horas. Permitió la comunión diaria a todos los fieles y cambió la costumbre de la primera comunión: para que los niños pudieran recibirla a partir de los 7 años.

Impulsó la enseñanza del Catecismo porque sabía que apartar de la ignorancia religiosa era el inicio del camino para recuperar la fe que en muchos se iba debilitando y perdiendo.     Promovió un nuevo Código de Derecho Canónico que terminó de redactarse en 1917, bajo el pontificado de S.S. Benedicto XV.     

Falleció el 20 de agosto de 1914, poco antes del estallido de la llamada “Primera Guerra Mundial”. El 14 de febrero de 1923 se introdujo su causa de beatificación y fue canonizado el 29 de Mayo de 1954. Indudablemente fue adoptado por la gente como patrono de los catequistas por su sencillez, sus raíces rurales que jamás dejó de lado y por su ardor misionero y evangelizador.